sábado, 22 de febrero de 2014

Dallas Buyers Club



A primera vista e inmersos en la temporada de premiaciones, Dallas BuyersClub se nos presenta a nosotros, los espectadores, como el film que llenó de premios a Jared Leto y la película por la cual Matthew McConaughey quedó piel y huesos. 
Bueno, todo eso es cierto, pero mucho más también.

La historia real (sí, una vez más “based on a true story”)  de Ron Woodroof, quien en 1992 fue entrevistado por el periodista Bill Minutaglio, hacía años que quería ser filmada. Mucha gente pasó por el club (en los ’90 Marc Foster quiso dirigir a Brad Pitt, luego Dennis Hopper a Woody Harrelson y más tarde Craig Gillaspie a Ryan Gosling) pero no fue hasta que llegara a las manos del canadiense  Jean-Marc Vallée (director de la british-american Young Victoria) que la historia viera la luz, esta vez, junto a Matthew "por fin me toman en serio" McConaughey.



 En 1985 a Ron Woodroof luego de un accidente laboral le diagnostican SIDA y 30 días de vida; él, vaquero, defensor del “hombre texano que masca chicle, fuma, toma y es bien rudo", es excluido de su círculo de machos alfa. Empieza a hacer memoria y cae en la cuenta de que ha tenido relaciones sexuales sin protección. En el hospital lo empiezan a medicar con AZT, una droga aprobada en USA y en proceso de prueba que lo lleva al borde de la muerte. Un enfermero le da la dirección de un doctor en México que trabaja en forma clandestina con pacientes con HIV, mediante un complejo de vitaminas y otras yerbas a base de cosas naturales, aloe vera y hasta una sustancia producida por una oruga. Ron nota una mejoría y comienza a contrabandear estas “medicinas alternativas” a Estados Unidos, las empieza a vender y poco a poco funda junto a Rayon, un tranformista que conoce en su estancia en el hospital, el Dallas Buyers Club (Club de Compradores de Dallas), uno de los tantos que se crearán en Estados Unidos, en el cual cada socio paga una cuota mensual y a partir de eso puede tener acceso a las medicinas. El aumento de socios llamara la atención de la Administración de Alimentos y Medicamentos y de la industria farmacéutica, que comenzarán a investigarlos. Sin embargo, Ron logrará con su club (y la ayudita de la doc Eve) que muchos pacientes tengan una mejor calidad de vida.

  
El realizador canadiense cuenta la historia de una manera que roza lo documental, con una sola cámara que persigue a los personajes, sin mucha luz, como si deseara dejar que ellos solos iluminen cada escena. Las actuaciones de Matthew y Jared son super-hiper Oscar-friendly, y Jennifer "soy como el mate cocido, no hago ni bien ni mal" Gardner, por su parte, hace bien su papel como la doctora Eve Saks, amiga de la infancia de Rayon, love interest de Ron y cómplice culposa de ambos.  



Pero debemos dedicarle un párrafo aparte a los actores: Matthew McConaughey demuestra que con adelgazar algo así como 23 kilos no alcanza; más allá de su escalofriante tranformación, el actor se la juega con unos primeros planos plagados de gestos, miradas, llantos, que disparan las emociones para todos lados (obvio que a Hollywood le encanta más allá de todo, que un actor engorde como una chancho, adelgace hasta tomar punto calavera, se rape en escena o cambie de sexo). Sin dudas, verlo caminando como un cadaver a la deriva (vulnerable a un viento norte cualquiera), es un plus. Por otro lado, Jared Leto transformándose en el transformista (valga la redundancia) Rayon transmite iguales dosis de tristeza, admiración y empatía, destacándose la escena con su prejuicioso padre.

 
La culpa, lo que ya no se puede deshacer, las vidas olvidadas que sufren a un costado del camino, los tejes y manejes de la industria farmacéutica para quien la salud es sólo negocio, la dedicación a una causa y una enfermedad tan cruel como el SIDA, aparecen en este film sin el típico golpe bajo. Al final, más allá de todo, el film nos habla de aceptar las diferencias aunque cueste: el pobre Ron, se aferra a ellas y a la poca belleza del mundo que le queda por vivir. 
Nunca es tarde aunque sea tarde...

@Eugess


miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Se seguirá cumpliendo con la ”profecía” en los próximos Oscars?

Cuenta la leyenda que quienes interpretan un personaje histórico (en esas películas que arrancan con el cartelito de “basada en hechos reales”) y es nominado como mejor actor/actriz, tiene altas posibilidades de que su nombre sea dicho luego de las palabras “And the Oscar go to…”.

A las pruebas nos repetimos, tan sólo en los últimos años han sido galardonados en dicha categoría los siguientes intérpretes:


Con el comienzo de milenio fue Julia Roberts quien mostrando sus atributos e interpretando Erin Brockovich comenzó esta secuencia. En 2002 y afinando el piano, Adrien Brody padeció las amarguras del ghetto polaco como Wladyslaw Szpilman pero tuvo un dorando triunfo. Al año siguiente una irreconocible Charlize Theron fue Aileen Wuornos un verdadero monstruo… En 2004 Jamie Foxx también tocó el piano pero perdió la vista (para la cámara obvio) haciendo de Ray Charles. June Carter tuvo más suerte que Johnny Cash, ya que Reese Witherspoon si ganó mientras que Joaquin Phonix se quedó esperando con las partituras porque quien ganara fue Philip Seymour Hoffman por su magistral Truman Capote; cómo ese gordo, barbudo y arruinado se convirtió en el afeminado y delicado escritor, solo don Oscar lo sabe.
En 2006, God save the queen, ya que Helen Mirren subió al estrado, pero no fue la única porque Forest Whitaker interpretando a Idi Amin también reclamó su estatuilla. Al año siguiente, Marion Cotillard cantó La vida en rosa y entre espinas superó a sus contrincantes siendo Edith. 
Levanten las banderas por los derechos porque Sean Penn como Harvey Milk se consagró en el 2008 mientras que al año siguiente Mandela/Freeman no ganó, pero si lo hizo Sandra Bullock como Leigh Anne Tuohy. 
Una vez más los reyes se hicieron presentes y en 2010 Colin Firth pudo hablar y agradecer su premio. Mientras que al año siguiente Jorge VI le entregó el Oscar a la dama de hierro Maryl Streep. Como si esto fuera poco, en la última emisión fue el Presidente Lincoln, mejor dicho Daniel Day-Lewis quien continuara la tradición


Si la teoría no se rompe, podría ganar Chiwetel Ejiofor por 12 años de Esclavitud”, interpretando a Solomon Northup, o hacer triplete  Matthew McConaughey que arrasó en los Golden Globes y en los SAG por su actuación en “Dallas buyers club”, aclarando que Leonardo DiCaprio y Michael Douglas (que oh! casualidad interpretó a Liberace) se llevaron las correspondientes en sus categorías en los premios de la prensa extranjera.


Y por el lado de las mujeres (recordando que dejamos fuera del “análisis” las categorías de reparto) tenemos a Judi Dench por su Philomena, que hasta ahora no se llevó ninguna estatuilla en esta temporada de premios.

El 2 de Marzo lo sabremos… hagan sus apuestas (próximamente en su Gabinete amigo)

domingo, 9 de febrero de 2014

12 años de esclavitud

Cuando una película es capaz de comprometer y tensionar al espectador a partir de los silencios, se celebra. Cuando los primeros planos tienen tanta fuerza que te hacen preguntas morales, se celebra. Cuando una historia a pesar de que se ubique a mediados de 1800 resulte tan contemporánea, se celebra.

El pastor que guía a este rebaño no es otro que el inglés Steve McQueen, a quien ya habíamos tenido el placer de ver en Shame, film que muestra la desolación que vive un treintañero neoyorkino adicto al sexo.
Este director es admirador de sus actores, los toma desde distintos ángulos y se detiene ahí, un momento, los deja ser en el silencio para que salten sobre el espectador y le den el gran golpe. La hipnosis viene después.


Steve McQueen se basó en el libro homónimo escrito por el verdadero Solomon Northop para contarnos los horrores de la esclavitud en la Norteamérica pre Guerra Civil. Northop, un ciudadano libre, carpintero y violinista que vive con su familia en Saratoga, New York, es engañado y tomado prisionero, y finalmente convertido en un esclavo llamado Platt. Primero será vendido a William Ford, para quien talará árboles y ante el cual dejará entrever su verdadero pasado. Pero deberá enfrentarse al desagradable John Tibeats, quien lo acosa constantemente, razón por la cual, luego de un altercado entre ambos Ford decide pagar una deuda y enviar al esclavo a la plantación de algodón de Edwin Epps, un desagradable y cruel ser humano que abusa mental y físicamente de sus esclavos “abalado por la Biblia”. Allí conocerá a Patsy, una esclava que sufre las obsesiones perversas de Epps, y los celos despóticos de su mujer.
En su largo y atormentado camino aparecerá Bass, un canadiense que es contratado en la plantación para construir un gazebo de madera. Luego de escuchar algunas charlas entre los “amos”, Platt/Solomon decide hablar con Bass quien está en contra de la esclavitud. Este se compromete a enviar una carta a su familia para tratar de conseguir la ansiada libertad.


El paisaje de Luisiana, con sus pantanos, sus plantaciones, sus árboles con esas plantas parasitarias que cuelgan (y son el todo del paisaje), es un plus que se complementa a la perfección con esos largos y desoladores silencios, que juguetean con las notas musicales que sólo Hans Zimmer puede llevar a estas historias.
Si a eso le sumamos ver a grandísimos actores, el combo queda completo a la perfección. Todos, absolutamente todos se lucen en sus roles: Michael “Magneto para la nueva generación” Fassbender como Epps demuestra que no en vano es el niño mimado de McQueen (recordemos que protagonizó los tres films del director), Chiwetel Ejiofor (pobre el que lo tenga que anunciar en los Oscars) como Solomon se banca unos primeros planos de puta madre (su actuación es tan Oscar friendly como la de Fassbender, pero definitivamente posee más tiempo en pantalla), Lupita Nyong’o (también compadecemos a su presentador en los Oscars) como Patsy es un hallazgo que demuestra tanta fragilidad y dolor como pocas se pueden bancar en una pantalla tan grande, Benedict Sherlock agarrá el violín” Cumberbatch (El Gabinete se declara fan y admirador baboso de este muchacho KHAAAAN!) una vez más aporta su english style, pero sin el acento, Paul Dano como John Tibeats, quien esta vez no hace de pobre pibe boludito sino que (¿podríamos decir que aplica bullying?) se revela como un real son of a bitch, Sarah Paulson como Mary Epps deja ver toda la bruja que lleva dentro desde que participa en American Horror Story (el personaje “se comió” a la persona una vez más), Paul Giamatti, otro grande que también hace muy bien de malo (esta vez mejor que en Matar o Morir), como el vendedor de esclavos Theophilus Freeman demuestra que el apellido no pega con nada de lo que hace; y Brad Pitt como Bass “el bueno”, nos recuerda que los años pasan para todos, y como es el productor de la película se dejó para si el papel con laureles.



En El Gabinete donde todo habita, las asociaciones libres que realizamos son para todos los gustos. Podemos hablar de Django de nuestro querido Quentin Tarantino, cuando nos ponemos a pensar en historias que muestran la realidad de los esclavos desde ópticas similares -la visión del esclavo- pero con grandes diferencias en los tonos -rojos en particular, aunque McQueen no se queda atrás en el mostrar-. Pero también podemos hacer una comparación con Los Simpsons en particular el capítulo del diario de Eliza Simpsons, donde conocemos el árbol genealógico de la familia amarilla, y descubrimos un antepasado muy similar a Solomon… El Gabinete da para todo…


En poco más de dos horas la película te deja pensando, reflexionando, mientras soportamos y padecemos junto a los personajes situaciones inimaginables y aterradoras. Ese quedar despojado de todo, incluso del nombre, sentir impotencia, no comprender los horrores de los que es capaz el hombre, sentir desolación (sí, como en Shame, nuevamente la desolación de quien no encuentra respuestas ni soluciones), todo esto transmite el film a quien del otro lado de la pantalla se encuentra inmóvil, metido de lleno en la trama mirando... desde la comodidad de la butaca.


@Eugess & @vanemaz



Comentario al pie y fuera de programa: podes no conocer la historia, podes no haber leído la trama pero si la película se titula “12 años de esclavitud” no podes llevar al cine a dos niñas que no debían pasar los 12 años… no se puede... 

miércoles, 5 de febrero de 2014

Gravity: Houston we have a problem

En estos lares estamos acostumbrados a que las traducciones nunca se asemejan a la realidad, PERO en este caso se utilizó la correcta, y conocimos la nueva película de Alfonso Cuarón como “Gravedad”.
De todas maneras y para divertirnos un rato, les propongo el título que me hubiera gustado que se estampara en los posters, así que prepararen sus trajes y sus máscaras para “Que más le puede salir mal a esta chica” con la actuación de Sandra Bullock y George Clooney.


Dentro de las categorías de suspenso y drama, esta cinta narra en apenas 90 minutos las buenas rachas de suerte que la Dra. Ryan Stone afrontará entre que debe abortar su misión de reparar el telescopio Hubble a causa de una tormenta de desechos espaciales, hasta su reingreso a la Tierra.  Pero no está sola en el espacio, ya que se encuentra bajo las órdenes del veterano Matt Kowalski (que no es pariente del pingüino de Madagascar) en su última misión.

Hasta aquí puede resultar sencillo, se sube a un capsula de escape y listo… pero NO! La nave queda destruida, flota a la deriva, la siguiente nave tiene un par de desperfectos técnicos y así sucesivamente… ¿lo logrará?


Sabemos que la historia no fue rodada en el espacio exterior, o tal vez si, porque la calidad de fotografía es asombrosa, con solo ver lo que sería el Rio Nilo todo iluminado queda uno anonadado de lo que pequeño que le debemos parecer a esas personas que arriesga su suerte en el espacio. Esos paisajes a la lejanía se complementan a la perfección con las tomas de los astronautas eclipsando nuestra perspectiva, los juegos de luces y sombras logran superar por momentos el magnífico trabajo llevado adelante por los encargados de sonido. Las voces desde dentro y fuera del casco, desde los comunicadores a los silencios son los que realmente hacen que nos sintamos inmersos en ese espacio lejano a pesar de encontrarnos en la comodidad de nuestras sillas.

Como siempre me reservo un párrafo aparte para la música, que es un actor más en esta historia, ya que acompaña como si tomara de la mano a estos personajes para que no se pierdan en la soledad de las estrellas. Por momentos parece de Hans Zimmer, pero no! el encargado fue Steven Prince que si bien ha trabajado en algunas megaproducciones, esta parece ser su “bienvenida”.


Hay referencias para todos los gustos, desde 2001 Odisea en el espacio (la imagen que usamos en la nota), pasando por Cast away (con el cada día más parecido a Cary Grant) hasta Wall-E (si, cuando toma el matafuego para impulsarse)… luego cada cual encontrará más referencias en las metafóricas escenas que posee, y tal vez los más avezados con la ciencia encontrarán errores…

Decir que nos entretuvo y mantuvo en vilo desde que le dimos play hasta el final, es bastante. Que compartimos la angustia y la desesperación del personaje de Bullock, está bien. Que no nos aburrimos, es válido. Pero nos dejó con alguna incertidumbre, decir que es el tanque del recién comenzado 2014, es mucho. Tal vez pudo dar más pero se quedó estancada (o se perdió a la deriva cuac!). Tal vez se podría haber aprovechado un poco más el dialogo entre los protagonistas. Tal vez… pero son sólo eso, “tal veces” en una historia que Cuarón demostró una vez más dejar su marca única, porque nadie puede negar que hay escenas y situaciones que son propias de su cine y eso nos deja con ganas “tal vez” de volver a ver esta sencilla pero impresionante narración una vez más…

@vanemaz