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lunes, 12 de diciembre de 2011

la suerte esta echada...

Hoy Sebastián Borensztein no sólo es reconocido como el hijo del genial e inigualable Tato Bores, sino también por ser el director de "Un cuento chino". Pero hace varios años ya dirigió su opera prima que voló bajo en la prensa, pero que un día como mañana, martes 13, día por antonomasia de mala suerte, merece un reconocimiento.



¿de qué viene? A Guillermo (Gaston Pauls) y Felipe (Marcelo Mazzarello) la vida no les está sonriendo. Al primero lo acaba de dejar su novia y perdió el trabajo, sin contar la insoportable alarma de un auto que suena todas las noches. A Felipe le va un tanto peor, es actor de teatro y esta considerado mufa por sus compañeros.
Son medios hermanos por parte de padre, y es este quien al estar muy enfermo los reúne para hacerles cumplir con un peculiar pedido. Un camino no sólo para encontrar el objeto preciado sino un largo descubrimiento en la vida de cada uno de ellos.


¿Por que recomendarla? El vídeo anterior es el justificativo perfecto para ver la película, es para mi la mejor escena que muestra ademas el ritmo y el grado de humor, por muchos momentos negro, con que se desarrolla la historia de estos hermanos.
Si bien se pueden encontrar puntas con poco sentido y algunos detalles que hubieran sido mas interesantes pulirlos, pero la historia funciona muy bien. Me levanto el sombrero ante Mazzarelo, y Pauls es funcional al personaje. La música de Alejandro Lerner contextualiza y por momentos enmarca el golpe bajo a la perfección.

Se salta de la risa al llanto, tal vez no de manera tan extremista, pero la trama está en un equilibrio perfecto entre el drama y la comedia sin ser ninguno el que triunfe sobre el otro pero si dando una clara victoria a una pelicula mas que interesante.

¿Qué es ser mufa? ¿Hay que creer en el destino? ¿Llevamos las riendas de nuestra vida? Sin entrar en reflexiones metafisicas ni mucho menos, la historia de Felipe y Guillermo se plantean estos interrogantes retóricos con la simple idea de tratar de responder y demostrar con la sencillez que caracteriza las producciones de Borensztein, qué  de sus vidas están echadas a la suerte...


Disfruta la película on-line


@vanemaz

sábado, 9 de abril de 2011

Yo también quiero rescatar a un chino

por la querida amiga Gise Botta (@giselin)


Que Darin es Darin, y cada día convence más de su talento, no es ninguna novedad, no es necesario afirmarlo porque a lo largo de su extensa trayectoria lo ha confirmado una y otra vez. En esta oportunidad vuelve a demostrarlo, a través del hosco Roberto, personaje central de “Un cuento chino”, la película dirigida por Sebastián Borenztein (quizás más conocido por series -como “Tiempo final”, “Malandras” y “El garante”- que por largometrajes previos).

El azar cambiará la vida de Roberto, estructurada, metódica y cerrada, a partir de un artilugio del destino que cruzará su camino con el de un chino que llega a nuestro país luego de que una vaca cayera del cielo matando a su novia. Así empieza la historia. Pese a su resistencia inicial, este encuentro los afectará y cambiará su mirada de la vida.

La película clasificada como comedia, en algún punto (es mi humilde apreciación) plantea un cierto matiz dramático, en las historias de los personajes que hablan acerca del sentido y del sin-sentido de la vida (no será mucho?). Ambos personajes han sufrido alguna situación trágica en su vida, pero sus miradas acerca del resto del camino son muy diversas. El encerrarse o el marchar al otro lado del océano así lo demuestran. Y es ese cruce de caminos el que permitirá un cambio de mirada.

Fuera de eso, los destellos cómicos están muy ajustados y bien logrados. Como antaño el chiste fácil era el que se tropezaba, ahora pareciera que lo chistoso va en camino al lugar común al poner al gruñón que putea. En la sala el efecto era instantáneo. Roberto renegaba (por todo) sin cesar, y nada era más gracioso que ello. Los desencuentros idiomáticos hicieron lo suyo a la hora de generarlo también. La mixtura entre una y otra sensación logran su cometido.

Los personajes están a la altura de la historia. Roberto, un renegado absoluto, negado a la vida, está encarnado a la perfección por Darin, una vez más logra vendernos lo que quiere, y su ductilidad actoral lo ubica con facilidad en cualquier papel. La ternura del chino Jun (encarnado en Huang Sheng Huang), quien no conoce ni un solo sonido del idioma español (ni inglés, ni alemán, ni italiano) más que el nombre que reconoce del tío al que busca, su lugar de desprotección y su carácter cordial, sumiso y obediente, lo ponen en un lugar sumamente querible. Y Muriel Santa Ana, poniéndole el cuerpo a la tierna Mari, una mujer que llega del campo con la convicción de volver a seducir y conquistar a Roberto, con sus ojos chispeantes, no deja dudas de que su talento está en crecimiento, más allá de la gruñona Lucia Gonzales (grosa entre las grosas, lejos) de “Ciega a citas”.

El combo es casi dos horas de mezcla, de chiste cruzado con una reflexión muy sutil, quizás en algún punto forzada o innecesaria, que le cambia el matiz básico de “somos extranjeros y no nos entendemos” para darle una pequeña vuelta de tuerca más profunda, que da sentido a los distintos seres de cada uno y que justifica la necesidad del cambio, la profundidad del afecto, y el efecto del otro, que aunque no pueda cruzar una palabra nos toca con todos los sentidos…